Operar una bomba centrífuga con la válvula de descarga cerrada, o con un caudal muy reducido, puede provocar sobrecalentamiento y daños. Este riesgo suele presentarse durante el arranque, la parada y los períodos de baja carga.

Una válvula de control de recirculación automática (ARC) combina una válvula de retención en la línea principal, un mecanismo de detección de caudal y una derivación en un solo cuerpo. Cuando disminuye la demanda del proceso, la derivación se abre para devolver líquido al recipiente de origen y ayudar a mantener el caudal mínimo requerido por la bomba. A medida que aumenta la demanda, el paso por la derivación se reduce o se cierra.
La curva ilustrativa muestra un punto de operación de 400 GPM, un caudal mínimo continuo de 100 GPM y un punto de conmutación de la derivación de 180 GPM. Estas condiciones son ejemplos; la válvula debe seleccionarse para la bomba y el circuito de retorno reales.
Una válvula ARC que funciona incorrectamente también puede desperdiciar energía. Las fugas internas o una selección incorrecta pueden mantener una recirculación innecesaria durante la producción normal, haciendo que la bomba mueva más líquido del que necesita el proceso.
Los servicios técnicos en campo de CPE evalúan conjuntamente la protección de las bombas y su comportamiento operativo, ayudando a identificar tanto los riesgos de bajo caudal como la recirculación innecesaria.